Las razas de Idhún, explicadas
Idhún no está poblado únicamente por humanos y por las serpientes aladas que lo dominan. Laura Gallego construye un mundo con seis razas mortales creadas por los dioses primigenios, más las dos razas más poderosas de todas —dragones y unicornios— y los sheks que las aniquilaron. Esta guía repasa cada una, con ejemplos concretos de los tres libros.
Aviso de spoilers: este artículo cubre datos de los tres libros de la trilogía.
El mito fundacional
Según las leyendas que Jack encuentra en los libros de Limbhad, al principio de los tiempos Idhún fue habitado por seis pueblos creados por los dioses primigenios, en este orden: los humanos, que poblaron las mesetas y colinas; los feéricos, que habitaron los bosques; los gigantes, señores de las cordilleras; los varu, moradores de las profundidades marinas; los celestes, que se establecieron en llanuras y valles; y, por último, los yan, habitantes del desierto.
Humanos
La raza más numerosa
Pobladores de mesetas y colinas, los humanos son la primera de las seis razas mortales y la más numerosa de Idhún. Jack, en su forma de Yandrak, y buena parte del reparto de la Resistencia —Alsan, Shail, Zaisei entre otros pueblos hermanos— transitan por este mundo camuflados como humanos, incluso cuando en realidad pertenecen a otra raza.
Feéricos
Hadas, ninfas, duendes, gnomos, trasgos y silfos
Los feéricos habitan los bosques y engloban a toda una familia de criaturas: hadas, ninfas, duendes, gnomos, trasgos y silfos. Tienen una sensibilidad especial para detectar a los unicornios, un rasgo que se vuelve crucial en la búsqueda de Lunnaris a lo largo de la trilogía. No todos los feéricos son iguales en poder: los duendes, por ejemplo, tienen una magia limitada pero se vuelven temibles cuando atacan en grandes grupos, y normalmente solo las hadas y los silfos mayores logran controlarlos.
Gigantes
Señores de las cordilleras heladas
Seres robustos y fornidos como rocas, de más de tres metros de altura, los gigantes viven en las heladas cordilleras del norte de Idhún. Aman la soledad y no suelen frecuentar la compañía de otras razas, lo que hace especialmente llamativo que Kirtash llegue a verlos luchando junto a otros pueblos en la coalición de renegados contra Ashran.
Varu
La raza anfibia de las profundidades marinas
Los varu son criaturas anfibias, moradoras de las profundidades marinas, que necesitan salir a la superficie de vez en cuando pese a su naturaleza acuática. Comparten con los sheks una característica biológica poco común: carecen de cuerdas vocales y se comunican exclusivamente por telepatía, como demuestra Gaedalu, la Venerable Madre de la Iglesia de las Tres Lunas, al dar la bienvenida a Jack y Victoria en Awa.
Celestes
El pueblo que no conoce la violencia
Establecidos en las grandes llanuras y los valles suaves, los celestes son físicamente parecidos a los humanos, pero más altos y estilizados, de cráneos alargados y sin pelo, con enormes ojos negros y una fina piel de color azul celeste. Su rasgo más característico no es físico sino cultural: son un pueblo tan pacífico que conceptos como el asesinato, la violencia o la traición ni siquiera existen en la variante de idhunaico que hablan.
Yan
«Los últimos», habitantes del desierto
Los yan habitan el desierto del sur de Idhún, y su propio nombre en idhunaico antiguo significa «los últimos». Según la leyenda, cuando Idhún era joven, Aidun, dios del fuego, abrasó involuntariamente aquellas tierras al descender al mundo; como castigo, el resto de dioses condenó a sus hijos a habitar el desierto que él mismo había creado. Por eso se les llama «los últimos»: de las seis razas, es la que menos ha contado tanto para los dioses como para los mortales.
Dragones y unicornios
Las dos razas más poderosas, aniquiladas en un solo día
Por encima de las seis razas mortales estaban los dragones y los unicornios, descritos como las dos razas más poderosas de todo Idhún. Ashran las aniquiló casi por completo el mismo día de la conjunción astral que le dio el poder, dejando con vida únicamente a un último dragón —Yandrak— y una última unicornio —Lunnaris—, cuyas identidades permanecen ocultas bajo apariencia humana durante buena parte de la saga. Un unicornio puede ocultarse en un cuerpo que no es el suyo, pero según explica Allegra, siempre lo delatará su mirada: los humanos son ciegos a la luz del unicornio, pero los feéricos —y criaturas como Kirtash— sí pueden detectarla.
Sheks
Las serpientes aladas que dominan Idhún
Los sheks son serpientes aladas, astutas e inteligentes, capaces de comunicarse telepáticamente entre ellas al carecer de cuerdas vocales, igual que los varu. Zeshak es su señor, el más poderoso de todos ellos. No aparecen en el mito fundacional de las seis razas: su dominio sobre Idhún es la consecuencia directa del pacto que Ashran sella con ellos, no una creación divina original.
Szish
Los hombres-serpiente al servicio de los sheks
Los szish son los temibles hombres-serpiente que sirven a los sheks en tierra firme, mientras estos dominan los cielos. Su mente no es tan sofisticada como la de las serpientes aladas, pero sí son capaces de captar y obedecer órdenes de figuras como Kirtash, hasta el punto de no atreverse jamás a desobedecerle una vez descubren su verdadera naturaleza.
Un mundo poblado más allá del conflicto central
Lo que distingue el tratamiento racial de Memorias de Idhún de muchas otras sagas de fantasía es que ninguna de estas razas queda reducida a un simple decorado: los celestes definen su cultura entera por la ausencia de violencia, los yan cargan con un nombre que resume siglos de desprecio divino, y hasta los gigantes, tan reacios a la compañía ajena, aparecen luchando codo con codo con otros pueblos cuando la amenaza de Ashran lo exige. La diversidad de Idhún no es solo estética: cada raza aporta su propia lógica interna al conflicto que atraviesa toda la trilogía.